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martes, 24 de mayo de 2016

Espejo, Espejito Mágico...

Piensa en una persona por la que, en mayor o menor medida sientas rabia, enfado o impotencia. Esa por quien te sientas traicionado, decepcionado o en alguien que, simplemente te molesta...

Percibe todas esas emociones y sensaciones físicas que te causa. Tus gestos, tu postura, tus facciones. Piensa en todo lo que le dirías.

Ahora imagina que tienes una varita mágica que hace que cambies todos esos sentimientos por amor, perdón, comprensión y compasión HACIA ELLA.

¿La utilizarías?

No. 

Tu inconsciente te mandaría mensajes de injusticia, de lo correcto e incorrecto y de tooooodo lo que TE hizo o TE hace mal esa persona. Pensar bien sobre ella te provocaría un desequilibrio. Una impotencia por el hecho de que ELLA te ha creado un problema y no lo ha solucionado.

Ahora vamos a la varita. Haz que te provoque honestidad. Utiliza el YO, A MÍ, ME.

YO SIENTO....
A MÍ ME DISGUSTA...
ME MOLESTA...
YO QUIERO...
YO HAGO...

Haz una lista con lo peor de aquella persona. Todo lo que se te ocurra. Fíjate el poder que tiene sobre ti, que aún estando ausente te mantiene en este estado.

La varita de la honestidad te dice que Ése eres Tú mismo y cómo puedes corregir eso. Tal cual. Fría y cálidamente, este es el mensaje: Como te sientes tú es tu responsabilidad. Cambia la perspectiva. 


(YO, A MÍ, ME)
Es a mí a quien le molesta:
¿Por qué castigo al otro si soy yo el afectado? 
Me ocupo de mis asuntos. 
Acepto mi enfado y cambio yo. 

CONCLUSIÓN
Si las dos partes hacen lo mismo no necesitan varita mágica

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